DeliArte | Marruecos fascinante
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2006
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Marruecos Fascinante

 

Atravesaba el norte de Marruecos hacia la tarde, partiendo de Tanger y llegando a la ciudad azul: Chefchouen. Había pasado sólo una noche desde mi llegada. El reloj marcaba las cinco de la mañana. Me desperté con los rezos matutinos islámicos, seguidos por el canto de los gallos. A lo lejos ya se escuchaba los niños jugando, y yo me envolvía en un despertar diferente.

Salgo de la Casa Amina: huele a especias, huele a cuero.

Me pierdo en las diminutas calles azules, los niños marroquíes me sonríen y me dicen bonjour. Era una mañana caliente y la hora de probar un desayuno local: té verde con menta, pan árabe, aceite de oliva, las mejores aceitunas y mermelada de dátiles.

 

 

Huele a curry, huele a especias. Los artesanos trabajan y las mujeres en túnica cargan alimentos y adornan el pueblo con su belleza mágica. Los gatos se posan como estatuas en cada esquina.

Para el almuerzo, pruebo un Tagine con pollo, limón y vegetales. ¡Delicioso como me lo esperaba!

En el mercadito exponen en grandes pilas de colores, los tintes para textiles que provienen de fuentes naturales, siendo uno de los pocos lugares en que aún se consiguen y utilizan.

En la zona de venta de hierbas, predominan los manojos de hierbabuena, tan utilizados en sus tés. De hecho, el Té Marroquí se encuentra en todas las comidas y es casi un ritual diario y de toda hora. Él té fue introducido por los ingleses en el siglo XVIII, antes de esto, los marroquíes eran grandes bebedores de café.

Los artesanos tejen y exponen sus perfectas y coloridas artesanías locales.

Ya vamos camino a Fez…

Paisajes increíbles entre montañas y planicies, nos acompaña un atardecer acogedor. En medio del camino paramos por un café y un pan relleno de Kefta (carne de cordero picada y aderezada que la sirven de diferentes formas).

Los corderos cuelgan al exterior de los puestos de comida y los tagine de barro, de todos tamaños, parecen muñecas rusas posadas sobre las rejas y el fuego.

Resulta que las ciudades más importantes en Marruecos tienen una Medina, es como el casco antiguo. En la medina se encuentran los famosos Souk (mercados).

 


Su arquitectura antigua me devolvía en el tiempo, como si alguna vez; hace muchos años: hubiese paseado por sus calles, o más bien, me remontaba a alguna de esas películas de Semana Santa.

Me llama la atención la forma de vivir austera de las personas. Debo decir, que al principio me intimidaban los hombres sentados en los cafés, quienes entre sus tertulias y sus largos silencios no se les escapa mirar el más ínfimo espacio de piel de las turistas.

Al atardecer subimos al hotel Les Meredines a ver como los colores del cielo cubren la gran ciudad y sus techos. Se ven las tres partes de Fez.

Regresamos a dormir a la Nouvelle Ville de Fez; de paso, en el trayecto paso por unos deliciosos dulces marroquíes; en los que predominan la harina de almendra y la naranja. Finos, deliciosos, delicados, sabrosos, artesanales.

 


Al día siguiente veo el amanecer a las siete y treinta en la Medina.

No se ve nadie; algunos artesanos entrando a sus trabajos; y el camión de la basura pasando por sus estrechas calles. Me enamoro al ver que el sistema de recolección de basura se basa en un señor quien, caminando al lado del burro, va recogiendo los desechos y los carga a la canasta del burro. Claro, entre la calles estrechas, no hay un mejor sistema.

Abren los mercados…huele a cabra.

Entre tanta austeridad, se posan imponentes los productos de la tierra. Toneles de uvas, melones, melocotones, ciruelas, dátiles, granos, granadilla, panes, especias, tubérculos, turrones, olores…sabores dulces.

Una señora en una callecita cocina el Harsha; un delicioso pan plano a la plancha a base de sémola dulce; lo acompaño con el queso crema francés tan vendido en Marruecos (La vache qui rit).

 

 


Perdida entre las calles y los hombres (rabateurs) que tratan de dirigirnos a algún lado a cambio de dinero, logro encontrar La Tanerie, un espacio lleno de huecos donde tiñen con tintes naturales el cuero de cabra.

A unos 30 km se encuentra el pueblo Zefrou, su silencio me impactó.

Una cascada, un pequeño mercado de productos comestibles, al lado del mercado de pulgas: caótico y mudo.

De vuelta a la ciudad tomamos el té en uno de los cafés de la Medina, nos sirven unas crepes marroquíes con miel. ¡Exquisitas! Las Crepes Baghrir tienen influencia francesa, porque desde 1912 y hasta 1958 se estableció el protectorado francés de Marruecos.

Luego de Fez partimos al Sahara, llegando en un bus al pueblo cercano de Erg Chebbi. Una experiencia única, quedarse en una comunidad Bereber, dónde probé el Omelette Bereber (omellette servido y cocinado dentro del tagine con una exquisita salsa especiada de tomate). Uno hombre en el desierto nos comparte de los dátiles recién recolectados, ¡qué manjar!

 


Luego de dormir en el pueblo, salimos en camello hacia el desierto entre el cielo y la arena que va cambiando sus tonos dorados. El silencio, el viento y el andar lento de los camellos me acogen. De noche en el campamento nos cocinan un delicioso tagine con pollo, berenjena y otros ingredientes. Acompañado por una ensalada de tomate, garbanzos, pepino y aceitunas y el infaltable pan árabe. ¡Estaba Exquisito!

Compartimos el té con los amigos Bereberes: quienes tocaban la música autóctona que hablaba de los nómadas y sus vidas. Una noche inolvidable.

Dormir a la belle etoile sobre la arena, debajo del cielo y despertarse con un saludo de la luna nueva, fue simplemente indescriptible. Un momento digno de ser revivido con el corazón y la mente.

 


Del Sahara partimos a Tinerhir

Un poco difícil fue llegar ahí, esperábamos a que alguien parara y nos encaminara, en medio de un calor insoportable. Finalmente, una camioneta se detiene y nos llevan, aunque nos montamos sin estar muy seguros si nos habían entendido. De repente, nos bajaron sin más preámbulo en un pueblo desolado. No me había percatado que habían pasado ya 100 kms. Finalmente apareció un busito de lata, que nos llevó a transbordarnos a otro bus, y así poco a poco logramos llegar a Tinerhir para visitar Las Gargantas del Todra. Y ahí estaban, imponentes y milenarios: los inmensos paredones de roca.
De noche, frente a la plaza de Tinerhir, comimos en el Café Central, nos acompaña un nuevo amigo marroquí, compartimos una cena exquisita, entre los platos figuraban: Kalea: un tagine al estilo local, Harira: la sopa marroquí a base de tomate, zanahoria garbanzos y otros ingredientes. Ésta sopa se come en el Ramadan para cortar el ayuno. También probamos el famoso Couscous de vegetales, la ensalada de tomate, las brochetas de carne, el omellette y los acompañantes obligados: pan, aceituna y a veces la naranja.

Al día siguiente seguimos el camino a Ouarzazate, pasando por la ruta de las mil Kasbas, con este nombre se conoce la ruta que sigue el valle del Río Dades y Todra, entre las cordilleras del gran Atlas y el Atlas Sahariano, entre las ciudades de Errachidía y Ouarzazate, donde se aprecian en el camino verdaderos castillos en ruinas y ciudades fortificadas.

Continuamos de noche hacia Marrakech

Marrakech es una ciudad con una Medina inmensa, lindos jardines, donde se encuentra el famoso Jardin Majorelle (el francés que tardo 40 años en pintarlo con pasión).

La plaza principal se llama Yamaa el Fna donde los turistas se dan gusto comprando y regateando las bellezas que ahí producen. Las inmensas puertas, sus colores, las mesquitas, todo es deleite visual.

En una calle me encuentro una epicerie, enamorada entre tantas hierbas, flores y especias. Me explican que la especie más utilizada es el Ras al Hanout (cabeza del epicero) compuesta por 35 especias diferentes, que dan el sabor a los deliciosos platillos marroquíes. Así como las 5 epices que usan para adobar pescados.

 


Marruecos es uno de los países más bonitos y acogedores que he visitado. La sonrisa dulce que encontramos en tantas personas, los niños, la austeridad en sus pueblos y medinas, los souks, los sabores, las especias, los colores y la tagine. Aunado a los paisajes imponentes, me recuerdan la suerte que tuve de pasar rápidamente por éste país.

Algunas palabras que aprendimos preguntando a locales: (escritas en español a como yo CREÍ entenderlas)

Jarcha: Pan de senteno

Jam bdu la: Gracias a dios (Al-ḥamdu lillāh)

Shukran: Gracias, Shukrán Bicef: muchas gracias

Its mi Meriam: me llamo María

A Teni: quiero

Britnakl quiero

A tttthei: té

Bmsháaaa: buen provecho

La sucrán: No gracias

Smeeehdi: disculpa

Meshi Mushki: No hay problema

Sala Malekum _ Malekum salam: hola

 

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